Randy Reyes: “Una fotografía infaltable si es periodística, es el factor humano”

Randy Reyes: “Una fotografía infaltable si es periodística, es el factor humano”

Se habla más de Trujillo como una de las principales ciudades del norte peruano desde la cultura, pero no se mira tanto desde los diversos problemas que enfrenta su entorno. Randy Reyes se atreve a mostrar lo que las autoridades no toman en serio, para generar un cambio en la vida de quienes confían en su presencia en el basural más grande de La Libertad, un vertedero que debió dejar de ser usado en el 2016, cuando concluyó su vida útil, pero continúa en activo y siendo considerado por los especialistas como el más crítico del Perú.

Randy tiene 33 años, de los cuales ocho se las ha pasado yendo al botadero de El Milagro que dicen se convertiría en el “gran pulmón verde” de la ciudad primaveral, pero con su trabajo documental evidencia que ese proyecto duerme el sueño de los justos y es un enorme problema ambiental. Así, cuenta a la Asociación de Foto Periodistas del Perú (AFPP) cuáles fueron las principales dificultades que afrontó para llegar al botadero de El Milagro, donde cada día se arrojan mil toneladas de residuos sólidos a cielo abierto y se presenta como una encrucijada para la salud pública trujillana; como también, el drama personal con el que lidian las familias que viven en el lugar y qué otros temas de interés en su región tendrían que atender los funcionarios pertinentes.

Háblanos un poco de tu trayectoria. ¿Cómo empezaste? ¿Elegiste ser fotógrafo desde un principio?

Yo estudié la carrera de Marketing que no tiene nada que ver con el mundo de la fotografía. Empecé a estudiarla a raíz del fenómeno del Niño. En el 2017, ingreso por una necesidad y luego me empezó a gustar el fotoperiodismo a través de las imágenes que había dejado el desastre natural. Como jugando hice imágenes para medios digitales locales como Oveja Negra y Memoria. Me di cuenta de que el mundo de la fotografía es muy amplio y que la rama del fotoperiodismo es la más fuerte, la base de todo. También la fotografía documental que la estoy haciendo y la fotografía de autor que está teniendo bastante peso.

Llevé un curso en el Centro de la Imagen de fotografía documental en ese mismo año en Lima. En el 2018-2019, en esos frecuentes viajes que hago a la capital, me enteré de la Asociación de Fotoperiodistas en un evento que hicieron en el Centro de Lima, pero antes de ello, había empezado a tocar las puertas de medios más grandes.

Trabajar en medios digitales es bonito, pero no es como trabajar en un medio grande, construido y con historia. Por ejemplo, a nivel regional, el vicedecano del periodismo que es el grupo La Industria o el grupo El Comercio que está con Correo y los demás medios acá. Entonces, toqué puertas y al que siempre voy a agradecer porque me brindó todo para crecer fue Correo cuando todavía era del grupo EPENSA y Omar Aliaga que, en ese momento, era el editor.

De un momento a otro, despiertas, pasas por un quiosco y tu foto está en una portada. Entonces, dices “aquí está mi nombre, aquí está mi apellido”. Es como una ilusión de niño. Te va gustando y deseas que todos los días una foto tuya esté en una portada. Así, me contacta en el 2019 un portal de noticias que es Wayka y me dicen que quieren que trabaje los problemas en Trujillo, las protestas que hay, como freelance. Me agendaba. Hacía mis cosas en las mañanas para Correo porque trabajaba para ellos y en las tardes las comisiones con Wayka. Son dos extremos distintos. No tenía ningún problema porque uno es freelance, se prestan servicios para diferentes empresas.

Ese mismo año La Industria y Correo me mandan a comisión por el cierre de fronteras tras la migración venezolana. Esa fue mi primera gran comisión que me hizo salir de Trujillo. La fotografía me lleva a lugares que yo no pensé que fuera a conocer. No pensé que fuera a salir del Perú. Estuve en Huaquillas, en Ecuador.

Desde el 2019 hasta ahora, por ejemplo, me tocó cubrir el tema de la pandemia. Seguía en Correo, pero era del grupo El Comercio. Nuevos jefes, una administración más directa de fotógrafos. Tenía un editor en Lima, quien era el que me pedía las fotos, así comencé a conocer un abanico de fotógrafos y en este vaivén aparece Fidel Carrillo quien pertenece a la Asociación. Recuerdo que la AFPP hizo un evento en el cual estaban reunidos todos. Me saludaron. Me reconocieron. En la fotografía, tú conversas con alguien que no conoces de manera personal, pero en Lima ven tu trabajo, en Arequipa ven tu trabajo, conocen tu nombre.

A fines del 2021 dejo Correo y paso al grupo La Industria que es un medio más regional con una manera muy distinta de ver el periodismo. Justo ahí me contacta la agencia internacional AP a través de Martín Mejía.

¿Para cubrir Trujillo o todo el norte del Perú?

Solo Trujillo. Tu nombre ya no se ve solo en el Perú, sino en diferentes lados. Luego de pasar esa transición de AP, de algunas comisiones, me contacta Reuters. Su editora internacional me comienza a derivar a diferentes comisiones. Ahorita, estamos con las protestas. En Trujillo siempre hay en Chao o en Virú.

¿Qué es lo que te llevó a convertirte en fotógrafo?

Cuando decido estudiar fotografía, hablé con mi mamá primero. Siempre ha sido como mi hermana. Más que mi papá. Le digo: mamá, sabes qué, voy a ser fotógrafo. Mi mamá dio un grito al cielo, qué tú estás loco, no hay trabajo para un fotógrafo. Tú piensas que vas a agarrar tu cámara y vas a tomar fotos en Fiestas Patrias. (Risas)

Lo decía porque mis papás son naturales de Cartavio que es a 40 o 45 minutos de Trujillo. En Cartavio acostumbran a que, en todos los desfiles de Fiestas Patrias, los fotógrafos locales salen y terminan vendiendo la foto a cinco soles. Mi mamá pensó que quería hacer eso y se alocó. Le traté de explicar y no entendió. Mi papá sí la pensó. Cuando mi mamá comienza a ver que los periódicos tienen el nombre y apellido de su hijo, fue entendiendo. La familia comienza a escribirme que era su orgullo.

¿Cómo fue tu primer contacto con el botadero de El Milagro y por qué es tan importante resaltar este tema en la sociedad peruana?

En el 2017, antes que empiece a estudiar fotografía, yo trabajaba en Municipalidades en el área de Imagen y el botadero está ubicado en la provincia de Trujillo, en el distrito de Huanchaco. Es como un centro poblado muy grande dentro de un distrito que tiene su propio gobierno local que se llama El Milagro, pasando La Esperanza, a unos quince minutos de la salida de Trujillo. Yo trabajaba para el distrito de Huanchaco y como tiene distintos centros poblados me destinan a El Milagro.

Siempre escuchaba sobre el botadero. Decían que feo amanece El Milagro lleno de neblina y era humo. Yo bajaba del taxi y decía qué es esto, por qué tan feo. Las señoras me veían con la cámara y decían que no vaya para allá. A los señores de limpieza pública les dije que me llevaran al botadero. Me suben a la compactadora, en la parte de adelante donde va el chofer y, prácticamente, me llevan a un lugar que me cambió y me hizo entender que la vida se valora porque es un lugar donde llega toda la basura de La Libertad. Dentro trabajan desde niños hasta ancianos en cuatro turnos; es decir, mañana, tarde, noche y madrugada.

¿Por qué decides publicarlo ahora?

La verdad es que algunos medios me preguntaban si tenía fotos y les enviaba cinco. El crudo que yo tengo ahora no lo he publicado en ningún lado. Este año con una mirada distinta, más pulida, decidí documentarlo. Comencé por diferentes episodios. Hasta he ido al teatro a ver Los gallinazos sin plumas. Tú vas sacando referencias de diferentes lugares. Pero, es la realidad que le toca a los trujillanos. Este botadero en el 2016 había colapsado. Pese a eso sigue funcionando. Es más, el Gobierno Municipal de Trujillo le había mandado a el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) a que se haga cargo porque es tan contaminado que está en el puesto 6 de Latinoamérica. Dijeron que en julio se cerraba y hace poco unos colegas de Correo me dicen que eso no se va a cerrar. Acaba de decir la OEFA que no se cierra. No hay presupuesto para crear un relleno sanitario. Es un problema que ya se siente en el mismo Trujillo porque, a veces, uno despierta y el humo del botadero que está a quince minutos llega hasta la ciudad.

Otro problema fuerte son los ancianos. Contacté a una familia de dos ancianos. Como te ven con frecuencia te agarran confianza. Cosa que no sucede con periodistas que vienen una vez al año. Ellos sienten que los utilizan por el momento. Esta familia vive de qué y come de qué, pues comen de la basura, viven de la basura, alimentan a sus animales de la basura. Entonces, ese es su círculo vicioso.

¿Cuáles son los principales dilemas éticos que has tenido al registrar la dignidad humana en un basurero?

Fue fuerte. Por ejemplo, el tema de los niños. No me atrevía mucho a jugar con lo niños. Quizás sí lo fotografiaba, pero no lo publicaba. Ese es un tema que siempre está conmigo desde que estoy en prensa. Uno hace fotos y luego le pasas doble revisión y dices “esto es muy fuerte y ya caería en el morbo”.

¿Qué otras dificultades pasaste para cubrir este problema ambiental?

Cuando empecé a ir al botadero, entiendes que la miseria humana puede llegar a unos niveles que ni te imaginas. Fue fuerte. Yo soy hijo único y en mi casa nunca me ha faltado nada. Tengo un papá que ha trabajado mucho por mí y una mamá que ha estado en las buenas y en las malas, pero sales de tu realidad, conoces una diferente y al principio golpea, golpea mucho. Tuve que entender que una cosa es hacer un trabajo y otra cosa es seguir tu vida. Aprendí a dividir eso. Al principio como que no, me absorbía. El trabajo es trabajo y se debe quedar allá.

Uno de los principales problemas que vi al principio fue la adaptación a ese lugar porque el simple clima que tú ves, o el simple olor que hay para mí fue fuerte. Luego, el tema salud. Me enfermé una semana completa. Estuve con mucha fiebre, con dolor de cuerpo. Estuve malísimo. Creo que ya hasta me he vuelto inmune porque las veces que he ido no me ha pasado nada.

Otra de las dificultades es que la gente es muy reacia. Si tú llegas y eres nuevo, la gente te bota y no duras ni cinco minutos adentro. Entendí que se sienten utilizados por políticos, por medios, y piensan que son como un objeto. Van y les prometen de todo y al final no les terminan dando nada.

Trabajé en la Municipalidad de El Milagro y a la alcaldesa, una vez, la invitaron como autoridad local que vaya al botadero. Iban a llegar gobernantes. Entonces, voy con mi cámara y pude ingresar sin que la gente me diga algo porque iba una autoridad. Fue un acceso más amplio en el 2017. Por media hora me olvidé de que era imagen para alguien y empecé a hacer mis fotos. Y ya luego comencé a ir con más frecuencia y es algo que también se aprende en el camino: Siempre nosotros debemos tener contactos o fuentes.

Escuchaba a un colega del diario La Industria que nosotros los periodistas no tenemos amigos, tenemos fuentes. Se hacen parte de uno. Se cuidan a capa y espada. Nadie sabe quién es, pero es tu fuente. Entonces, tengo un contacto que es como si fuera mi “guía turístico”. Me pregunta cuando llego si vamos para “el trabajo” o para su familia.

Un dato es que hay entre 1300 a 1800 personas que trabajan allí. He podido observar cosas fuertísimas. Créeme que hacen valorar lo que uno tiene. Me volví una persona que da consejos a los demás.

Con este proyecto pude exponer en la Universidad Nacional de Trujillo, a los chicos de ingeniería ambiental, y quedaron encantados.  Algo bonito que he podido hacer es reunir personas para no una ONG porque toma tiempo, sino un primer paso para llevarle apoyo a esta gente. Estamos viendo el nombre. Lo vamos a llamar “Pies descalzos”, realmente, nos enfocamos en los niños y en los ancianos. Iremos a realizar una evaluación y tener más o menos un cálculo de cuántas cosas podemos llevar. Lo logré gracias a la fotografía.

¿Qué debe tener una fotografía para que sea buena?

Cuando me toca la selección, una cosa es ser fotógrafo y otra cosa es ser editor. A los fotógrafos muchas veces nos toca vivir, sentir lo que estamos realizando, mientras que el editor es, sencillamente, quien te va a seleccionar la imagen. Él nunca estuvo allí. Él no sabe cómo pasó. Y siempre hay esa gran pelea de que oye, yo tenía una mejor foto y el editor me puso esta. ¿Por qué la puso? Me ha tocado hacer cierres de edición en el diario La Industria, entonces, uno va atendiendo cómo suceden las cosas.

Cuando me ha tocado ser editor de mis propios trabajos, me he juzgado mucho. Yo siempre he dicho, incluso a los alumnos les digo: una fotografía infaltable si es periodística, es el factor humano. El factor humano es lo que hace bonita a la fotografía periodística. Es una pieza clave. Lo demás es complementario. Un detalle, una composición más directa. De repente, una composición por sombras. El fondo que debe ser bien cuidado, bien trabajado y que sea complementario con el mensaje.

Si yo hablo del botadero, busco que mi fondo transmita lo mismo que transmite el personaje. La primera foto siempre tiene que ser aquella que me está contextualizando dónde estoy, qué sucede, qué es lo que va a suceder luego en la ilación de fotos porque es contar la historia a través de las imágenes. Siempre trato de buscar eso, la foto abridora. Empiezo con la abridora y ya lo otro lo voy conectando. Un detalle. Un retrato. Me gusta jugar con esas piezas.

Lo importante es que aprendes a resumirse 100 fotos, aprendes a resumir 10, cinco. A veces, es una que te cuenta la historia, pero hay que ser muy críticos. Eso lo he aprendido con el trabajo. Para mí, es un fondo muy bien cuidado y si el fondo no me comunica, no hago la foto. El factor humano siempre tiene que estar presente.

Con respecto al lenguaje fotográfico, ¿cuáles son tus principales referentes peruanos y extranjeros?

Es como una evolución. Yo empecé viendo muchos retratos. Hay una fotógrafa de Perú, Sharlyn Tarazona, que me gustan mucho sus retratos. Ella es novia de Orlando Zender que es un fotógrafo que hace moda, que trabaja para diferentes marcas. La seguía mucho, entonces, por ahí viene el feeling.

Cuando ya entré al mundo del periodismo, uno de los referentes es Jaime Rázuri por el feeling que tiene con la fotografía de conflictos bélicos. Sigo mucho el trabajo de Ernesto Benavides. Otros a quien admiro son Sebastián Castañeda; Esteban Félix, ganador del Premio Gabo con “Azúcar amargo”, un video que me inspiró, y Hugo Curotto que es como mi profesor. Le digo sensei. Los mejores consejos que he podido tener en el fotoperiodismo han venido de Hugo. Por él, me encaminé en esto cuando tenía dudas, venía con otra mirada y con otra intención de hacer la fotografía. Hugo es uno de los referentes más grandes que tengo en el Perú.

Del extranjero empecé viendo Colombia con Federico Ríos. ¿Cómo es la vida? Tú ves lo que hace con el tema de las FARC y de la noche a la mañana terminas hablando por Instagram, coordinando cosas. Converso mucho con él. Yo siempre le he agradecido porque una parte de cómo entro a la fotografía es porque vi una entrevista de él. Me gusta mucho su estilo y cómo aborda las historias.

Otro de mis referentes es Rodrigo Abd de Argentina, quien también ha estado buen tiempo en el Perú. Ha estado en Trujillo varias veces. Es una gran amistad. Su humildad es algo que transmite. Y eso te enseña. Otro fotógrafo quien también está por esa línea y con quien he hablado unas cuantas veces es Manu Bravo de España. Él también hace conflictos bélicos. Es muy aguerrido. En una entrevista dice que “llegué sin un peso, me fui sin un peso, pero no quería regresar a mi realidad porque yo hacía fotografía de motos y ya no quería hacer fotografías de motos, sino que quería hacer fotografía de guerra”. Uno nace para eso.

Volviendo a Latinoamérica, de policiales, hay un señor de México, una eminencia que se llama Enrique Metinides que ha hecho desde los nueve años fotografía policial. Lo respeto mucho. Haciendo un paréntesis, algo que yo tengo es que conozco a un fotógrafo, lo sigo en Instagram, es internacional, y pienso: No pierdo nada escribiéndole. El no ya lo tengo. De repente, me escribirá en un mes. Les escribo. Hay un fotógrafo de Magnum chino americano Chien-Chi Chang. Converso con él, usando el traductor. Igual sucedió con Federico Ríos. Igual sucedió con Manu Bravo y fue mi profesor. Me atrevo. Me arriesgo.

Hace poco contacté a Víctor Lax de España, especializado en bodas, que en su momento también hizo fotoperiodismo. El secreto es terquedad, terquedad, saludar, saludar y saludar hasta que ven tu Instagram. Siento que el simple hecho de colaborar de manera ocasional para algunos medios internacionales sí te apoya mucho.

¿Cuál es tu lente favorito y por qué lo utilizas?

Mi lente favorito siempre será el 24 mm 2. 8 de Canon porque permite acercarme bastante. Yo aplico mucho lo de Robert Capa. La fotografía siempre de cerca porque es mejor. Cuando tú estás de cerca, puedes sentir, oler, entender lo que piensa, la ira o el sufrimiento. Si me pongo con un teleobjetivo a distancia, veré la imagen, pero no la siento.

¿Por qué decides registrar a color y descartas el blanco y negro, siendo el botadero de El Milagro un tema tan delicado?

En el tema de color, desaturo mucho. La cámara te permite desaturar mucho. Siento que el color, muchas veces, puede ser un distractor, pero le da vida a una foto. El blanco y negro tiene su razón, mayormente, es para evitar distractores y generar un feeling. Entendí que ese mismo feeling lo puedo hacer con el tema de la desaturación, pero al mismo tiempo a la gente le va a dar pena esa imagen y sentirá que hay vida. Trato de que el color no sea mucho un distractor. Si te das cuenta en algunas fotos del botadero, cuando trabajo la desaturación los colores no se mezclan y no generan confusión. Trato de respetar los colores que he presenciado.

¿Tratas de provocar al espectador o, simplemente, es una forma de expresarte?

Antes a la fotografía la veía como una denuncia pública porque estas en ese mundo en el que el gobierno no te gusta, las cosas no te gustan. Escuchaba a Joan Fontcuberta en su charla sobre La furia de las imágenes, él habla que alimentamos el morbo. No gano nada alimentando esa ira. Estaba en ese concepto. Ahora, a la fotografía la veo como una herramienta de cambio de vida. Puedo denunciar, pero al mismo tiempo esa denuncia la transformo en una problemática que es una realidad y que necesita ser atendida. Si no es por las autoridades de entonces, puede ser con la gente que se desprende de algo material, pero lo hace de corazón para ayudar. Es una manera de cómo veo la foto, una manera de transformar a aquel espectador que me consume y hago reflexionar en el momento. Se puede lograr, pero es un trabajo diario. Se tiene que seguir alimentando, tocando puertas. Hay que ser sinceros, muy poca gente hace temas de ayuda o muy poca gente lo quiere.

Si piensas que la fotografía cambia ciertos aspectos de una vida o de las vidas que encuentras, ¿qué te interesa cubrir después del botadero de Trujillo?  ¿Algún otro tema que llame tu atención en la región?

Un proyecto que tengo en mente es la pesca artesanal en Trujillo, Huanchaco. Esta gente tiene problemas porque ya los totorales están desapareciendo, las especies marinas que ellos antes pescaban ya no hay. Entrevisté a un señor que es muy icónico allá y decía que pescaban 30 kilos al día y ahora ocho. Entonces, entienden que a corto o a largo plazo eso va a desaparecer. Lastimosamente, es el único trabajo que saben hacer o que han heredado y siguen enseñando a sus menores hijos.

Otro en Trujillo, hay una ONG llamada “Luz de vida” que ya le hice un reportaje hace unos años atrás. Esta ONG trabaja con niñas que sufren o que han sufrido la trata de blancas y que de alguna u otra manera necesitan ser escuchadas y aceptadas por una sociedad que es muy esquiva al problema. Entonces, estas niñas llegan a ese lugar y reciben apoyo con el hogar y la comida hasta cierta edad. Hay quien se casó, pero les cuesta mucho tener pareja por los traumas psicológicos. ¿Allí qué se puede gestionar? Que, a través, de esas historias, psicólogos trabajen con ellos, médicos familiares asistan a estas niñas y que de alguna u otra manera vayan entendiendo que la vida da segundas oportunidades.

Para finalizar, tienes temas duros y emblemáticos de lo que significa Trujillo ahora. ¿Cubrirías el pandillaje o el sicariato más adelante?

He visto que ha aumentado la cantidad de consumidores de pasta básica de cocaína. Te juro que antes caminaba por un parque y tranquilo. Ahora, camino por un parque y hay gente que está consumiendo esa droga. Y no te hablo de extranjeros por el tema de la migración. Te hablo de peruanos que se están volviendo más locos cada día con el tema de la droga. Es un trabajo que es muy delicado, pero que sí se puede hacer porque es llegar al microcomercializador. Es una triste realidad, pero veré la forma de ingresar porque hay que tener las conexiones necesarias.

Hay que entender el problema de cómo los niños crecen con esa mentalidad de asesinato también. Por ejemplo, lo que pasó con Gringasho en su momento. Un tipo que ya salía loco de chibolo. Sería genial hacerlo porque ahí nace todo el tema de la inseguridad. Toda movilidad que tú tomes en Trujillo tiene sticker, las bodegas tienen sticker, hay ciertas casas que tienen sticker. Uno ya no sabe si creces calladito o mejor te vas y crees en otro lugar.

Me tocó vivirlo cuando hacía policiales. Cayó una banda. Le hice fotos porque es lo que pedía el periódico. La familia me vio. No sé cómo dieron conmigo y comenzaron a extorsionarme todos los días. Me enviaban fotos de mí, entrando a un centro comercial. Yo caminaba y sentía que una moto lineal aparecía. Me ponía muy nervioso. Pero, ya pasé esa etapa. Nunca más hago policiales. O lo haría de vez en cuando porque no quiero poner en riesgo a mi familia.

Entrevista: Luis Cáceres Álvarez

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